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LOS  BARRIOS

  Los primitivos barrios ferrolanos conservaron su fisonomía durante muchos años, pero desde principios del siglo XX, sufrieron varias transformaciones que cambiaron  su aspecto – en algunos casos, como el de Esteiro - de manera radical.

 

LA GRAÑA

 La aldea de La Graña comenzó a tener algo de importancia a finales del siglo XVI, cuando la ría de Ferrol fue elegida por Felipe II para refugio y base de aprovisionamiento de la Armada Real.

 Existen documentos que sitúan en el año 1158 la fundación de esta aldea, como consecuencia de la donación de aquellas tierras a la Orden del Císter, por parte de su propietario, el Monasterio de Sobrado.

 Algunos monjes cistercienses se trasladaron a vivir allí, y colaboraban con los aldeanos,  dirigiendo y organizando el trabajo, que era principalmente agrícola y ganadero.

 En la primera mitad del siglo XVIII, La Graña fue elegida para la instalación del Real Arsenal y Astillero, con la consiguiente afluencia de población, que hizo aumentar significativamente la construcción de viviendas, de las que se conservan algunas de las más notables. Con el aumento de población se hizo necesario atender a las necesidades alimenticias de la gente, provocando el crecimiento de la agricultura en las zonas más cercanas. Se construyeron algunos molinos y se fomentó la apicultura, que alcanzó gran importancia, con la instalación de  unas cuarenta colmenas.

 Con el traslado del Real Arsenal y el Astillero a la villa de Ferrol, La Graña perdió mucho de su potencial industrial y humano, a pesar de lo cual, la aldea fue creciendo, aunque que de manera un poco anárquica, configurando unha especie de “Y” tumbada, que se convirtió en la referencia o símbolo, del que ya pasó a ser un barrio más de la ciudad de Ferrol.

 El crecimiento de La Graña no fue paralelo al  de otras zonas, debido principalmente a las características del terreno, muy limitado por la falda del monte y el mar, y por las deficientes comunicaciones con la villa ferrolana, que dependían casi exclusivamente del transporte marítimo, puesto que el recorrido por tierra era excesivamente largo y difícil.

 Para atenuar el aislamiento de la zona, a mediados del siglo XX, se comenzó la construcción de un túnel bordeando el mar, bajo los altos de La Cabana, con la idea de hacer llegar el ferrocarril hasta la pequeña villa, pero ese túnel nunca se llegó a terminar.

 El que sí se terminó fue el que se hizo bajo el propio monte de La Graña, que permitiría el acceso bajo tierra, desde La Cabana hasta el interior de la Base Naval. En un principio, el acceso por este túnel estaba reservado para las Fuerzas Armadas, pero pronto se permitió el paso de autobuses y autos particulares con pases especiales, facilitando el desplazamiento de los residentes.

 Durante muchos años - podríamos decir siglos -  La Graña fue la proveedora de piedra para todas las construcciones que se hicieron en Ferrol. Sus canteras proporcionaron grandes cantidades de granito de gran calidad, empleadas especialmente en las construcciones de tipo militar.

 A través del tiempo se conserva un pequeño astillero, que pasa por ciclos de trabajo y abandono, según la demanda de pequeños pesqueros y el acierto de los empresarios.

 Actualmente se están a restaurando varias de las casas más antiguas del barrio, gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento y la Xunta de Galicia, que concede ayudas económicas a los propietarios de los edificios.

Calle Real Baja

   Foto de la “Y” de La Graña desde el mar

 Una parte importante de La Graña está constituida por la Base Naval, que está rodeada por muro y verjas, y que encierra en su interior modernas instalaciones y muelles, que ocupan una importante parte de la zona costera.

 La Base es utilizada por la Armada para aprovisionamiento y pequeñas reparaciones de los buques de guerra, y cuenta con una pista de aterrizaje para helicópteros.

 También había en su interior un campo de fútbol en el que jugaban los equipos locales y los de los diferentes barcos, y donde se celebraron los primeros encuentros futbolísticos de Ferrol, allá por los primeros años del siglo XX.

Foto de la Base Naval, desde el mar

   En la misma margen de la Ría hay otros dos pequeños núcleos de población:

 La Cabana, más cercana a la ciudad, y San Felipe, al lado del castillo, que tienen una función casi exclusivamente residencial, combinando casas unifamiliares con edificios modernos de varias alturas y chalets, y en los que se pueden visitar algunos establecimientos hosteleros con fama de buen comer y beber.

 Hace muchos años hubo también en La Cabana un pequeño astillero, hoy utilizado como base para embarcaciones deportivas, escuela de navegación a vela, etc.

 Por su parte, la zona de San Felipe también proporcionó grandes cantidades de piedra de las canteras de aquella zona.

 

 

 

Ferrol Viejo

Podemos considerar a Ferrol Viejo como el barrio más antiguo de Ferrol, puesto que en realidad, fue la primera zona habitada de cierta importancia y según varios historiadores, el verdadero origen de Ferrol.

La construcción de los nuevos barrios de Esteiro y de La Magdalena, significó un gran crecimiento de la ciudad y como los edificios nuevos contrastaban con las viejas estructuras del primitivo núcleo, este recibió el apelativo de “Viejo” (“Vello”), aunque casi todo el mundo en la ciudad se refiere a este barrio con el nombre de “El Muelle”.

Parece confirmado que su nacimiento se debe principalmente a la actividad pesquera que practicaban sus moradores en el interior de la ría, que en aquellos tiempos tenía gran abundancia y variedad de pescado y marisco.

Algunos de aquellos historiadores sostienen la teoría de que, en ese lugar, existió anteriormente un Castro, es decir, una pequeña aldea al borde de la costa marítima, rodeada de un muro por la parte de tierra, para defenderse de un posible ataque de gentes extranjeras. Se accedía al poblado a través de la “Puerta del Castro” situada en una parte indeterminada del muro.

Por vía marítima llegaban comerciantes fenicios o romanos, con los que intercambiaban sus productos, aunque también podía llegar algún esporádico ataque vikingo.

 

La configuración urbana de Ferrol Vello corresponde a la de la Edad Media, con calles estrechas e irregulares y casas de poca altura, construidas sobre suelo con importante desnivel. En los siglos XV y XVI, la villa alcanzó un alto nivel de población, hasta que en 1568, un pavoroso incendio arrasó casi la totalidad de las viviendas, salvándose solamente las edificaciones situadas en los límites exteriores, entre ellas el hospital la iglesia parroquial de San Julián y el convento de San Francisco, de los que hoy no quedan vestigios.

A pesar de la gran pérdida en casas, muebles y utensilios, los ferrolanos no tardaron mucho tiempo en reconstruir totalmente el poblado.

 El centro de la vida social y comercial de la pequeña villa, era la Plaza Vieja, en la que confluyen las calles Espíritu Santo, del Castro, del Cristo, de Benito Vicetto, de Carmen Curuxeiras y la de San Francisco, que al final de su empinada cuesta, enlaza con la calle Real de La Magdalena.

 

Foto de la actual Plaza Vieja   

                         

Foto de la calle San Francisco 

Otras calles importantes son la de la Merced, la de Manuel Comellas, la de San Antonio y la de Espartero, que continúa con la de Isacc Albéniz y confluyendo con la de San Francisco, enlaza también con la calle Real del barrio de La Magdalena.

 En el siglo XVIII, cuando se construyó el Cuartel de Instrucción y otros edificios del Arsenal Militar, la Plaza Vieja perdió una buena parte de su espacio y se perdió también el puerto de la Cruz, posteriormente sustituido por el muelle de Curuxeiras.

Foto del antiguo muelle de Curuxeiras

Desaparecieron también otros edificios, como la primitiva iglesia de San Julián - erigida posiblemente en los siglos X – XI, con gruesos muros y contrafuertes – la Puerta del Castro, el Hospital de Caridad, el Ayuntamiento...

   Una reforma del cierre de esa zona del Arsenal Militar, sustituyendo la muralla por una verja de hierro, permite apreciar la importancia arquitectónica de los edificios, dando además la sensación de mayor amplitud de la plaza.

 

Foto de la entrada del Arsenal Militar, con la vía del tren, al lado del Cuartel de Instrucción

 

A principios del siglo XX, el barrio experimentó una importante transformación, con el empedrado de las calles, la acometida de agua potable, la llegada del tranvía y la construcción de nuevos edificios, con distintas tendencias arquitectónicas que, de alguna manera, trataban de armonizar con las antiguas construcciones.

 

 

Foto de edificios con arcadas

      

Foto de un edificio moderno

  Estas novedades fueron celebradas con entusiasmo por los vecinos, que compusieron una canción que, traducida, decía más o menos así:

 

Ferrol Viejo, barrio dotado,

con el asfalto y el adoquín,

la nueva PYSBE y agua corriente,

el Ferrol Viejo ya se parece a París.

 

Si los muertos bajaran de Canido,

cuando vieran su barrio natal,

hablarían así entre dientes,

¡ay Ferrol Viejo que bonito vas estar!.

 

Los turistas en el verano,

tuertos y bizcos se van a quedar,

cuando vean el Muelle arreglado,

que ya parece el Paraíso terrenal.

 

Recientemente, el Ayuntamiento firmó un acuerdo con la Xunta de Galicia para proceder a la rehabilitación de Ferrol Viejo en aquellas partes que se puedan conservar, concediendo ayudas económicas a los propietarios de los edificios. Y en el caso de inmuebles ruinosos, considerados irrecuperables, ya se está procediendo a su demolición.

Una parte de Ferrol Viejo que puede tener gran importancia para el futuro urbanístico del barrio, es la parcela ocupada por la antigua fábrica de lápices, ahora en ruinas, y de momento, sin un proyecto adecuado para  su utilización.

Foto de la fachada de la Fábrica de lápices

 Actualmente una de las zonas más animadas de Ferrol Viejo es el Paseo de la Marina, al borde de los muelles, donde algunos edificios nuevos y varias cafeterías le dan un aire modernista.

Foto del Paseo de la Marina

 

Esteiro

 

El barrio de Esteiro fue edificado en el siglo XVIII, a causa del traslado del Real Astillero y Arsenal  desde La Graña hasta la villa de Ferrol, que en aquellos tiempos se llamaba Villa de San Julián.

 Planificado por el ingeniero francés La Croix, fue hecho a toda prisa, como solución a la gran demanda de viviendas ocasionada por la llegada de numerosas familias de trabajadores, que venían a la villa para incorporarse a las tareas de construcción de barcos para la Armada Española.

 La continua llegada de obreros, supuso la necesidad de más viviendas y por lo tanto, el diseño inicial sufrió muchas alteraciones antes del fin de las obras previstas, lo que perjudicó su traza inicial

 Las viviendas eran de poca calidad, mal ventiladas y con muy pocos medios higiénicos, aunque que se intentó hacer un poblado con cierta intención urbanística, en el que estaban diseñadas dos plazas y una iglesia, como un avance de lo que después sería el barrio de La Magdalena.

 

La iglesia de “Las Angustias”, según un antiguo dibujo

 Aspecto actual de la Iglesia de “Las Angustias”

 

En un principio, Esteiro estaba constituido por 4 calles longitudinales rectas: San Pedro, San Sebastián, San Nicolás y San Roque-Ánimas, a las que más tarde, se añadieron otras dos, la de Fernando VI y la de Carlos III, que siguiendo el ejemplo de los nombres de las otras calles, fueron popularmente conocidas como San Fernando y San Carlos. La Plaza del Hospital Militar en la parte más alta, y la de San Agustín en la parte baja, hacían de remate en los extremos de aquellas calles.

 

Antigua calle de Carlos III (San Carlos)

  

Las calles transversales, que eran muy estrechas, estaban concebidas como pasadizos, sin respetar los criterios de rectitud y amplitud utilizados en las anteriores. Sin embargo, con la ampliación de las dos nuevas calles, también se diseñaron  transversales de igual amplitud, como las de Adán y Eva, Moreno, La Salud y San Luís.

 

Calle de “Adán y Eva”, a través de San Carlos y San Fernando

  

Poco a poco, el barrio fue creciendo y extendiéndose hasta abarcar un amplio espacio, que comprende también la zona de San Amaro, de manera que, los límites llegan a confundirse con los del barrio de La Magdalena. En cualquier caso, se podría delimitar Esteiro, extraoficialmente y de una manera aproximada, entre las calles de la Iglesia y Rochel por una parte, toda la Avenida de Vigo (calle de la Muralla) por otra, y  las de Taxonera y Mac Mahón (Circunvalación) por otra, teniendo en cuenta además, que las instalaciones militares y las escuelas de “Batallones” y el Astillero (hoy “Navantia”), pueden quedar incluidos también en lo que se considera Esteiro.

 

Antigua entrada del astillero, por la Puerta de Carlos III

 

 

 Entrada principal del astillero “Navantia”

 

 Había en un principio dos fuentes en las que se surtían de agua los habitantes. Una de ellas situada en la plaza de San Agustín, (entre las calles de San Sebastián y San Nicolás), y la otra en una zona conocida por “las cuatro esquinas”, también situada entre esas dos calles. Después se instalaron otras dos más, la última de ellas enfrente de lo que durante muchos años fue el Hospital de Marina.

 

Una de las fuentes de Esteiro

   

Los equipamientos de tipo social eran practicamente inexistentes, mas la convivencia diaria y las dificultades de la vida cotidiana, fomentaron en este barrio de condición obrera, un gran sentimiento de solidaridad, que hizo surgir agrupaciones deportivas y culturales que desarrollaban gran actividad. El barrio llegó a tener tres equipos de Fútbol Aficionado - Esteiro, Ferrándiz y Ánimas - y una asociación musical, llamada “Armonía”. De Esteiro se decía entonces que era “un Barrio con Alma”.

 Con el tiempo Esteiro fue creciendo, construyéndose numerosos edificios, uniéndose con el pequeño núcleo de viviendas de San Amaro, y surgiendo nuevas calles como Espoz y Mina, San José, San Amaro, la zona del Campón, Soto, San Ramón, Españoleto (San Agustín), Velázquez, Zurbarán, Pondal, Pascual Veiga, Iglesia Parga, Vázquez Cabrera, Carlos Casares, Colón y alguna otra, en las que también se fueron levantando nuevas viviendas y sustituyendo algunas de las viejas edificaciones por otras más modernas.

El paso de los años y las inclemencias del tiempo hicieron estragos en aquellos edificios, hasta que en el siglo pasado, a principios de los años setenta, se decide el derribo del primitivo barrio, dejando sólo en pie las casas pertenecientes a la parte menos vieja de la calle Fernando VI  y todas las de la calle Carlos III.

 

Un aspecto actual de la calle Fernando VI (San Fernando) 

 

 La calle Carlos III (San Carlos) en la actualidad

  

Los vecinos fueron trasladados masivamente al nuevo barrio de Caranza, y alojados en nuevas viviendas, mucho mejores, con cuarto de baño, ascensores y sistema de calefacción individual. A las entidades deportivas y culturales, Esteiro, Ferrándiz y Armonía, se les proporcionaron nuevos locales, mientras que el Ánimas se había trasladado anteriormente a las Casas Baratas del barrio de Recimil.

Todas estas entidades sufrieron una importante crisis en su funcionamiento, al ser desperdigados sus socios y simpatizantes.

Aquella operación urbanística fue muy criticada por los sociólogos, que denunciaron el desarraigo que significaba, sobre todo para aquellos ancianos que llevaban toda su vida viviendo en el barrio. Y sucedió que, en los primeros años, fallecieron muchas de las personas mayores trasladadas.

  Actualmente, el barrio fue casi totalmente reconstruido, con modernos edificios de varias plantas, entre los que sobresalen por su altura, las torres de las viviendas sociales que fueron las primeras que se construyeron. Después, una ordenanza municipal limitó a seis el número de pisos de las nuevas construcciones, que aún siendo de mejor calidad, no encajan en su aspecto con las características urbanísticas del centro de la ciudad, en donde  abundan las balconadas y galerías.

 

Plano del actual barrio de Esteiro

 

 Excepto las calles de Carlos III y Fernando VI, las anteriores desaparecieron, sustituidas por otras nuevas, de las que destacan la Avenida de Esteiro, que cruza a lo largo del barrio; la de Españoleto, que fue prolongada y cruza de través, formando una línea quebrada de tres tramos; la de San Roque y Ánimas, cerca de su antigua situación al lado del Hospital (hoy Universidad); la de San Ramón que se prolongó hasta desembocar en la de Fernando VI y la de Naturalista López Seoane.

 

Parte de la Avenida de Esteiro

 

 

 Uno de los tramos de la calle Españoleto

 

 

 Otro de los tramos de la calle Españoleto

 

 La calle Naturalista López Seoane

   

La profunda transformación sufrida por el viejo barrio alcanzó también al Hospital de Marina, y a todas sus dependencias, que tras importantes obras fueron convertidas en Campus Universitario.

 

Fachada del antiguo Hospital, hoy Universidad

  

Otras obras importantes fueron, la construcción de un pabellón polideportivo y la rehabilitación de la Casa del Patín, que fue destinada a acoger la Biblioteca Universitaria.

 

El Pabellón polideportivo de Esteiro, en las calles San Ramón y Ánimas

 

 La Casa del Patín, ya rehabilitada

  

Como barrio ligado desde su nacimiento al astillero y a la Armada Real, la Marina tuvo y tiene una importante presencia en la imagen y en la vida cotidiana de Esteiro, ocupando buena parte del barrio con sus construcciones, como el Hospital, el Cuartel de Dolores, las viviendas de oficiales primero, y las escuelas y pabellón deportivo en la zona de “Batallones” más tarde. Además está el campo de fútbol, en el que se celebraron durante muchos años los partidos de la competición local de fútbol aficionado (clubes modestos).

 

El Cuartel de Dolores

 

 

Pabellón deportivo de “Batallones”

  

Pero no sólo en edificaciones e instalaciones deportivas se concretó la participación militar, si no que en muchos casos, además de facilitar los medios para la celebración de actos festivos, deportivos y culturales, algunos oficiales presidían las agrupaciones deportivas y artísticas del barrio.

 En la nueva estructuración de Esteiro, se echan en falta equipamientos, como unha Escuela Pública Infantil o un Centro Cívico Social. También sería interesante una Residencia para Universitarios, que haría más cómoda la estancia de los estudiantes. Estas y otras obras, podrían ser realizadas en varias parcelas vacías y descuidadas que existen en el barrio.

El parque de las Angustias y su proximidad al Cantón, compensan un poco la gran cantidad de asfalto, cemento y hormigón.

 

Parque de las Angustias

 Algunas pequeñas plazas contribuyen a humanizar el nuevo aspecto urbano, como la  de Concepción Arenal, la de Iglesia Parga, la del Himno Gallego y la de San Amaro.

 

Plaza de Concepción Arenal

 

 Plaza de Iglesia Parga

 

 

 Plaza del Himno Gallego

 

 

Plaza de San Amaro

  

Hay una pequeña zona que fue dedicada al recuerdo de las cuatro antiguas calles, cerca de la Iglesia, donde están representadas, entre magnolios, las de San Pedro, San Sebastián, San Nicolás y San Roque-Animas, con sus nombres grabados en placas de bronce, en sus correspondientes columnas frontales.

 

Recuerdo de las cuatro calles

  

En la calle San Ramón, en un pequeño espacio verde, la Asociación de vecinos “Fontelonga” erigió un sencillo monumento a las víctimas del atentado terrorista del 11 de Marzo del 2004, como un acto de solidariedad y un grito por la Paz. El monumento consiste en un pequeño monolito con una placa recordatoria del hecho, tras el cual se plantó un madroño que simboliza a la Villa de Madrid.

 

Monumento a las víctimas del 11 M en la prolongación de la calle San Ramón

 

 

La calle de San Ramón, desde Fernando VI

Parque infantil Antolín López Porta

 

Canido

 Según los historiadores, el barrio de Canido tiene su origen en una pequeña aldea situada en la parte más alta del terreno que hoy ocupa la ciudad, y desde la que se domina la ensenada de la Malata.

El núcleo de población estaba constituido por grupos de pequeñas casas, la mayoría  de una sola planta, rodeadas de tierras de labor, trabajadas por sus propios dueños y que con sus productos cubrían el propio consumo y además abastecían a parte de los habitantes de otras zonas de la villa.

La producción agrícola estaba reforzada por la cría de animales domésticos, como gallinas, conejos, cerdos, ovejas, etc., que completaban una importante misión de aprovisionamiento.

 

Placa en una vieja casa de la carretera del  “Raposeiro”

 

Posiblemente, esta función productiva – que hoy ya casi no existe – fue la causa de que Canido tardase muchos años en alcanzar un desarrollo urbanístico, que en otras partes de la ciudad se produjo con relativa rapidez. De hecho, el Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) para Canido, fue aprobado hace pocos años, después de muchas negociaciones con los vecinos afectados.

Una vez aprobado el Plan, comenzó la edificación de grandes bloques de viviendas de entre ocho y doce pisos, casi todos promovidos por cooperativas, los cuales le dieron al barrio un aspecto muy distinto de lo que antes era, aunque se conservan aún, zonas que resisten heroicamente los ataques del tiempo y de las palas mecánicas.

Como zonas características del antiguo Canido, se conservan: La Plaza del Crucero, la Plaza de la “Tahona”,  el  “Corral de Chapón” y  la Puerta de Canido.

La Plaza del Crucero de Canido, que puede ser considerada como el centro del barrio, aún conserva su aspecto de siempre. En ella confluyen las calles más importantes, Alegre, Insua, Alonso López y Atocha.

  

La Plaza del Crucero de Canido

 

La Plaza de la “Tahona” está siendo remodelada, estando previsto poner en su centro la imagen del Cristo de la “Tahona”. En este punto confluyen las calles de Alonso López, que la atraviesa, y las de “Muíño do Vento” y Estrella.

 

La Plaza de la “Tahona”

El “Corral de Chapón” es una pequeña plaza en un lado de la calle Alegre, que fue adecentado hace algún tiempo por el Ayuntamiento, por su importancia histórica, ya que está considerada como una zona emblemática del barrio.

  

El  “Corral de Chapón”

La Puerta de Canido, hoy convertida en un importante núcleo viario, con una rotonda en su centro, está rodeada de edificios de nueva construcción, que le dan un aspecto muy diferente al que tenía antes.

 

 La Puerta de Canido

 

Se conservan también, aunque con muchos cambios en las edificaciones, las antiguas calles de “O Muíño do Vento”, Atocha, Insua, De Los Santos, “Cangrexeiras”, Alonso López, Estrella y Alegre.  De todas formas, aún quedaron en ellas algunos edificios que se pueden destacar por su importancia histórica y/o arquitectónica, siendo la calle Alegre una de las que más transformaciones sufrió.

 

La calle Alegre

 

La gran transformación del barrio afectó decisivamente a la zona del antiguo cementerio, hoy desaparecido, y en la que se construyeron la iglesia y el instituto (IES) de San Rosendo.

 

 

 

La Iglesia de San Rosendo

 

Centro de Educación Superior Canido, o más conocido como Filial

Con el tiempo, se fueron urbanizando otras calles, que hace años eran callejones,  y en las que se levantaron modernos edificios. Algunas aún no tienen nombre asignado y no aparecen en el mapa, pero otras conservan la denominación original. Una de estas últimas es la del Dr. Fleming, en cuya parte alta se encuentra otra escuela, el CEIP  Cruceiro de Canido. 

 

O CEIP Cruceiro de Canido

 

La urbanización llegó también a calles como la de Máximo Ramos, la de Barrié de la Maza, la de la Banca, la de Ignacio Martell y las más nuevas de todas, la del Poeta Pérez Parallé - con nuevas edificaciones de entre ocho y diez pisos – y la de Manuel Arias (Líli). Poeta el primero y deportista el segundo,  ambos fueron nombrados hijos predilectos de Canido por sus cualidades humanas.

La calle de Pérez Parallé recibió el nombre de ese insigne poeta, nacido en el barrio de Canido, y donde residió en su juventud. José María Pérez Parallé fue premiado en numerosos certámenes poéticos y está considerado por los críticos, como uno de los poetas importantes de la posguerra. Siempre ocupado y preocupado por la cultura, participaba en todos aquellos actos en los que su presencia era solicitada. La  tradición musical ferrolana de la noche de las Pepitas, cuenta con varias de sus composiciones poéticas dedicadas a la  mujer ferrolana. Mas por encima de sus virtudes literarias destacaba su profunda humanidad, que le valió el reconocimiento del Ayuntamiento ferrolano, que le nombró “Hijo Predilecto” de la ciudad.

 

 

La calle Pérez Parallé

En el caso de Manuel Arias, “Lili”, se trata igualmente de una persona muy querida no sólo en su barrio, si no también en la ciudad, donde era muy conocido. De carácter bondadoso, solidario, y siempre trabajador infatigable al servicio del barrio, y gran aficionado al deporte en general y al fútbol en particular, ocupó durante muchos años la presidencia de la “Asociación Cultural y Deportiva Canido”, entidad con muchos años de actividad – antes en Alonso López y ahora en Insua - que contaba entre sus socios con la mayoría de la gente del barrio y de la que todos los “hijos de Canido” se sienten orgullosos.

 

 

Calle de Manuel Arias (Lili)

 

 

Placa de la calle Manuel Arias

 

 Asociación Cultural y Deportiva Canido

 

Durante muchos años hubo en Canido una importante empresa, la FENYA, que se dedicaba a la fabricación de aparatos eléctricos para barcos y que estaba rodeada de altos muros. Hace algunos años, la empresa cambió de emplazamiento y terminó por desaparecer. La demolición de aquellos muros posibilitó la urbanización de esa zona, construyéndose nuevos bloques de viviendas que conforman una pequeña plaza, a la que todavía no se ha puesto nombre.

 

 

 Nueva plaza en los antiguos solares de FENYA

 

El derribo de los muros de la FENYA permite contemplar gran parte de un notable edificio construido hace mucho tiempo, dentro de una finca de la calle Alegre y que era popularmente conocido como “El Chalé de Canido”.

 

Edificio conocido como El Chalé de Canido

 

Otra de las desapariciones destacables del barrio de Canido fue la de los depósitos de agua, situados en un lateral de la Calle Alegre, que durante muchos años dieron servicio a una parte de la población.

Tras su demolición, quedó un espacio libre que en un principio se habilitó con mobiliario urbano y un pequeño parque infantil. Actualmente está bastante descuidado y no parece que su destino esté muy claro, aunque ya hay quien sospecha de una posible “operación inmobiliaria”.

 

 

 

Pequeño parque en la zona de los depósitos de agua

 

La prolongación de las calles transversales del barrio de La Magdalena que enlazan con Canido, propiciaron una zona de mayor edificación, construyéndose nuevos edificios con varias plantas, que en algunos casos intentaron armonizar con el urbanismo existente en el principal barrio de la ciudad, en el que los balcones y las galerías son una de sus principales características.

Entre varios de estos edificios, se pueden citar como ejemplo, dos nuevas construcciones en la calle Dr. Fleming cerca del cruce con la calle Concepción Arenal.

 

 

Un edificio nuevo en la calle Dr. Fleming

 

 

Otro de los nuevos edificios, también en la calle Dr. Fleming

 

En la mayoría de los casos, el concepto de rentabilidad se impuso por encima de los criterios de armonización urbanística, y se construyeron edificios modernistas al lado de antiguas construcciones con un diseño urbanístico antagónico, como en el caso de estas dos construcciones en la calle Dr. Fleming, al final de la calle transversal Sánchez Barcaiztegui.

 

 

Edificio en la esquina de las calles Santos y Dr. Fleming

  

Edificio del Centro de Menores al final de la calle Sánchez Barcaiztegui

 

 Las nuevas construcciones fueron llenando el espacio vacío entre La Magdalena y Canido, formando otro núcleo de población, que bien podría ser considerado como un nuevo barrio, situado entre los dos, y estableciendo sus límites de manera que respetaran los de cada barrio vecino. Este es un trabajo que debería realizar en breve el Ayuntamiento, para una mejor identificación de las zonas de la ciudad, cosa que actualmente resulta bastante difícil.

 

 

Plano del barrio de Canido y alrededores

 

Otra de las vías importantes del barrio es la de Celso Emilio Ferreiro, que une la Plaza de Canido (Puerta de Canido), con la Carretera Alta del Puerto y que, aún sin estar urbanizada en muchos tramos, se está convirtiendo en una interesante zona residencial, con chalés de variada arquitectura, y con bonita vista sobre la ensenada de la Malata. 

Desde esa misma calle, se puede ver un antiguo lavadero restaurado, con la ensenada de la Malata al fondo.

 

 

Un tramo de la calle Celso Emilio Ferreiro

 

Chalés en la calle de Celso Emilio Ferreiro

 

Otros chalés en la misma zona 

 

Antiguo lavadero restaurado

 

También desde el interior del antiguo baluarte se puede contemplar una hermosa panorámica sobre la ensenada y el importante complejo deportivo, que con el recinto de la Feira Internacional de Muestras abarca un amplio espacio.

 

 

Interior del antiguo baluarte defensivo de Canido

Aún sin pertenecer a Canido, se incluye aquí el Complejo Deportivo de la Malata por su proximidad con este histórico barrio.

A la derecha está el estadio de fútbol, con piscina, un campo de entrenamiento y dos de hierba artificial; en el frente, un lago artificial para deportes acuáticos.

En el centro de la imagen aparece el extenso recinto de la Feira Internacional de Muestras, que a lo largo del año acoge diversas actividades relacionadas con el mundo del automóvil, del caballo, de la moda femenina de las bodas, del vino, o congresos varios, además de la propia  feria que se celebra normalmente en el mes de Julio.

En el fondo de la foto están las pistas de tenis, las instalaciones para atletismo y el  pabellón polideportivo. 

 

 

Una vista del complejo deportivo

 

A causa de la falta de concreción en la división de los barrios, no se puede determinar de momento, si la Casa del Mar, edificada en la Carretera Alta del Puerto, pertenece a Canido o a Ferrol Vello, pero en cualquier caso, es una interesante realidad, por su moderna arquitectura y su significado para las gentes del mar. 

 

 

La Casa del Mar de Ferrol

 

 

Chalés en la Carretera Alta del Puerto

 

 

Ferrol II - La Magdalena

 

Los historiadores coinciden en señalar que, en la primera mitad del siglo XVIII, el aumento demográfico de la villa de Ferrol, alcanzó a más de 2.000 personas, que se sumaron a las 900 que ya existían en Ferrol Vello y Esteiro.

Como las instalaciones del nuevo astillero de Esteiro permitían la construcción simultánea de varios barcos, el gran volumen de trabajo generado fue causa de que, el aumento de población, especialmente de trabajadores de los diferentes oficios, continuara en la segunda mitad del siglo, de tal manera que, al finalizar el siglo XVIII,  Ferrol, convertido ya en Real Villa, era la primera localidad de Galicia y de toda la cornisa cantábrica, en número de habitantes.

 Pero no sólo llegaron obreros a la incipiente ciudad, sino también Autoridades, Oficiales de Marina, Funcionarios de la Administración, Artesanos, Comerciantes y otras gentes acomodadas, que pronto saturaron la capacidad de alojamiento.

Para resolver el problema de la llegada de tanta gente, allá por el año 1751, durante el reinado de Carlos III, surge el proyecto de construcción de un gran barrio residencial, que serviría como nexo de unión con Ferrol Vello y Esteiro. Se trata del Barrio de La Magdalena (Nuevo Ferrol), que después de varias modificaciones fue diseñada con una estructura simetricamente parcelada, formada por módulos de idénticas dimensiones, delimitados por seis calles longitudinales paralelas y otras ocho transversales, también paralelas entre sí y perpendiculares a las primeras. Dos amplias plazas cuadradas, simetricamente situadas, realzaban el orden y el equilibrio del conjunto.

 Las edificaciones obedecían ya a otro concepto urbanístico, de mayor calidad, tanto en los materiales como en la amplitud de las viviendas, además de los servicios y la anchura de las calles, lo que implicaba un encarecimiento de los alquileres.

En poco tiempo, el nuevo barrio fue ocupado por las gentes de mayor nivel económico, estableciéndose así una rígida segregación, que marcó de una manera definitiva la vida social de la ciudad.

 

Dibujo orientativo de cuando Ferrol era una pequeña aldea

 

El nuevo asentamiento poblacional, llamado La Magdalena – en memoria de una vieja capilla del mismo nombre, que existió en ese lugar allá por el siglo XV - fue concebido con el equipamiento necesario, como hospitales, iglesias, fuentes, cementerio y la fortificación que defendería la ciudad por tierra, y que estaba formada por gruesos y altos muros, reforzados con varios baluartes y dotados de puertas de entrada y salida.

Según la documentación existente, el proyecto inicial se debe al ingeniero francés Joseph de La Croix, que diseñó el nuevo barrio en 1751. Este primer diseño, que era más pequeño que el finalmente construido, contenía unos valores arquitectónicos y unas ideas urbanísticas, de ordenación, racionalidad y funcionalidad, que fueron casi totalmente respetadas y aprovechadas en el proyecto final.

Entre las propuestas rechazadas, estaba la idea de establecer unicamente una gran plaza en el centro del barrio, donde confluirían dos calles principales dispuestas en cruz. Este espacio, que era denominado como Plaza Mayor, se presentaba como un recinto porticado y cerrado, posiblemente previsto para la celebración de ferias y mercados.

 Parece ser que, el cambio que se produjo en el proyecto de los arsenales, obligó también a modificar el de La Magdalena, duplicando el primitivo diseño, modificación en la que participó también el ingeniero La Croix, supervisado por el Capitán de Navío Jorge Juan. Por último, se realizo una nueva modificación, para reducir las dimensiones y adaptarlas a las necesidades demográficas del momento. En esta ocasión, Jorge Juan – que fue sin duda el impulsor y máximo responsable del proyecto – contó con la ayuda del ingeniero y arquitecto Julián Sánchez Bort.

Aparecen ya las dos plazas simetricamente situadas y un añadido en la parte sur/este, que le daría al diseño el aspecto de un “L” tumbado, quedando delimitado el barrio en su parte sur, por una amplia alameda que lo separaba de los nuevos Arsenales.

 

Plano del proyecto rectangular

               

Plano del proyecto con forma de “L”

  

La parte rectangular estaba formada por seis calles longitudinales: la calle de la Iglesia, la de Magdalena, la Real, la de Gravina-Dolores-Galiano, la María y la del Sol, todas de la misma longitud y que mantienen entre sí la misma distancia. Perpendiculares a  ellas hay otras ocho calles transversales, que se convirtieron en diez, con las dos que cerraban el barrio por las cabezas. Son: la calle de San Diego, la calle del Arce, la de Méndez Núñez, la de Sánchez Barcáiztegui, la de A Coruña (de los Muertos), la de Concepción Arenal (del Hospital), la de la Tierra, la de Rubalcava, la del Carmen, y la calle de Lugo.

Las distancias entre  ellas  también son iguales y, en principio, todas deberían tener la misma longitud, al estar limitadas por las calles de la Iglesia y del Sol, pero algunas fueron prolongadas. Esta configuración hizo que el diseño del barrio tuviera el aspecto de una “pastilla de chocolate”.

 

Plano actual del barrio

 

En el exterior de la parte Sur, aproximadamente en el centro, se reservaron dos espacios, que habrían de ser ocupados por la iglesia de San Julián el uno, y por el edificio oficial de la Contaduría de Marina, el otro. La iglesia de San Julián, hoy Concatedral, se comenzó a construir en 1765, mientras que la Contaduría nunca llegó a realizarse. Ese espacio sería posteriormente ocupado por el Teatro Jofre, ya en el siglo XIX.

 

Fachada principal de la Iglesia (Concatedral) de San Julián

 

 Fachada posterior de la Iglesia (Concatedral) de San Julián

  

 

El Teatro Jofre

 

La edificación del barrio comenzó en 1761, por la parte más cercana a Ferrol Viejo. Según avanzaban los trabajos, se construyeron  también dos iglesias, la de Dolores y la del Carmen, al lado de las dos plazas, que en un principio recibieron el mismo nombre que su referente urbanístico, aunque más se llamaron Plaza del Marqués de Amboage y Plaza del Marqués de Alborán, respectivamente. Esta última volvió a cambiar de nombre, siendo por algún tiempo la  Plaza de Churruca e finalmente la Plaza de Armas.

 

Plaza de Dolores o del Marqués de Amboage

Fachada de la Iglesia de Dolores

 

Plaza del Carmen o de Armas

Fachada de la Iglesia del Carmen

 

En un principio, las edificaciones deberían presentar un aspecto uniforme, ajustándose a un modelo de casa preestablecido, pero pronto los constructores comenzaron a realizar  sus proyectos con completa libertad, con la sola excepción de las alineaciones, que fueron escrupulosamente respetadas, siguiendo las líneas marcadas por las calles previamente trazadas.

 A título de curiosidad se puede hacer notar que, la fila de edificios que había de cerrar la Calle del Sol por la parte norte, no se llegó a construir como estaba prevista en el proyecto, razón por la que non existe la séptima calle que cerraría La Magdalena por esa parte y que las posteriores construcciones no previeron.

 Parece ser que a poco de comenzar la construcción del barrio, comenzó  también su expansión en varias direcciones, para enlazar con los otros núcleos urbanos, como Ferrol Viejo, Canido o el asentamiento de San Amaro, cerca de Esteiro, que estaba comenzando a poblarse. Esta expansión rompió en cierto modo los límites de La Magdalena para integrarla y convertirla en el corazón de la ciudad.

 A lo largo del tiempo se fueron construyendo edificios de diferentes características en el nuevo barrio, presentando una mezcla de tendencias arquitectónicas, que van desde la sobriedad  ornamental, con cierto desorden e la disposición de los huecos y la utilización de piezas de cantería para reforzar las esquinas y formar el interior de puertas y ventanas, propios de los siglos XVIII y XIX, hasta el modernismo del siglo XX, que resalta la importancia de las esquinas en el cruce de las calles y en el que, los ornamentos y las formas curvas alcanzan un especial protagonismo, dando como resultado edificios de gran belleza e importancia urbanística.

 Según los arquitectos, los primeros edificios que se levantaron en el barrio, recogían las tendencias arquitectónicas de mediados del siglo XVIII. En la primera planta, destacan los balcones - individuales o corridos - protegidos con balaústres de hierro forjado que presentan diseños de gran calidad. La segunda planta queda realzada con los acristalados miradores, que se constituirían en señal de identidad para todo el barrio y para muchas edificaciones posteriores fuera de él.

Algunos edificios con características del siglo XVIII.

 

 Edificio de la Calle Magdalena nº 130

Edificio de la calle María nº 76

Edificio de la calle María nº 134

 

A principios del siglo XIX, aparecen pequeños cambios en el diseño de las fachadas, con balcón central y miradores laterales en la primera planta, y galerías en las plantas superiores. En algunos edificios, la piedra cobra mayor protagonismo, ocupando toda la planta baja.

Algunos edificios con características de principios del siglo XIX

 

Edificios de la calle Magdalena nº  52, 53, 54, 55

 Edificio de la calle María nº 186

 Edificio de la calle María nº 196

 

A finales del XIX aparecen pequeños motivos ornamentales, y en algunas fachadas se invierte la disposición de los elementos compositivos de la primera planta, pasando el mirador al centro, acompañado de dos balcones laterales, aunque predominando la composición clásica de balcón central con miradores o balcón corrido y las galerías en las plantas superiores. En algunos edificios de tres huecos, el bajo fue dedicado a establecimiento comercial, con ventanal central y dos puertas, para los accesos al comercio y a los pisos.

Algunos edificios de finales del siglo XIX.

 

Edificio de la calle Galiano, nº 31-33

Edificio de la calle Real nº 159

Edificio de la calle Magdalena nº 112

Edificio de la calle Magdalena nº 141

 

A principios del siglo XX, aparecen edificios muy interesantes que, aún respetando los elementos característicos – balcones, miradores, galerías – introducen formas curvas y elementos ornamentales de gran importancia. Los miradores ganan en protagonismo, sobre todo en las esquinas de cruce de calles, con formas redondeadas, representando por sí mismos, un elemento ornamental más.

Algunos edificios de principios del siglo XX.

  Edificio de la calle Dolores nº 64

   

 Edificio de la calle María nº 172  

           

Edificio de la calle de la Iglesia nº 142

Edificio de la calle Real nº 97-99

      

          Edificio de la calle Real nº 193                                            

 A partir de mediados del siglo XX, ase aprecia una mayor libertad en las formas, buscando la modernidad, o la monumentalidad, de la que resultan edificios muy distintos pero todos muy interesantes.

Algunos edificios de mediados del siglo XX.

 

 Edificio de la calle Real nº 195-197

 Edificio de la calle María nº 158

 

 

Edificio de la calle de la Tierra nº 9 

 

Por ser un barrio tan antiguo e tan amplio, fueron muchos los arquitectos que dejaron en él su impronta creadora. De entre todos ellos, los entendidos destacan a Rodolfo Ucha Piñeiro, a quien se deben los diseños de numerosas construccións de tendencias innovadoras, con atrevida ornamentación, pero sin romper la armonía con el resto.

 

Las calles longitudinales.-  Aunque todas  ellas fueron posteriormente prolongadas, con excepción de la de Gravina, se consideran como pertenecientes al primitivo barrio de La Magdalena, las que quedan comprendidas entre las calles de San Diego, al oeste y la de Lugo, al este.

 Comenzando por la parte sur, en primer lugar tenemos la calle de la Iglesia, de la que en un principio sólo se proyectó la construcción de una de las filas de edificios y que, además de ser el límite sur del barrio, en unión de la alameda contigua, iba a ser un espacio diferenciador - y  también integrador – entre el barrio, y los Arsenales de la Marina.

En el lado abierto de la calle, además de las edificaciones de San Julián y del Jofre, se fuero levantando otras construccións, entre las que destacan el Gobierno Militar (hoy Fundación Caixa Galicia), el edificio de Correos y los del Mercado.

 

La calle de la Iglesia, desde la Cuesta de Mella

 

 Subiendo hacia el norte, la segunda calle es la Magdalena, que lleva el mismo nombre del barrio, como recuerdo de la antigua capilla que existiera por aquella zona.

Como es normal, dado el largo tiempo que duró la construcción del barrio, se encuentran en esta calle edificios de diferentes estilos y tendencias, algunos con trazos originarios de la arquitectura de mediados del siglo XVIII, como el nº 204, perteneciente al “Legado Carbajal”, pendiente de restauración y ocupado actualmente por el Ateneo Ferrolano.

 

La calle Magdalena, desde la calle del Arce, cara al este

 

Siguiendo hacia arriba está a calle Real, que pasa por la parte baja de las dos plazas – la de Amboage y la de Armas – y en la que se encuentran edificios importantes como el del Hotel Suizo y el del Casino, que ocupan todo el espacio entre esta calle y la de Dolores.

 

La calle Real, desde la del Arce, cara al este

 

Después de la calle Real, hay una calle partida en tres tramos, Gravina-Dolores-Galiano, que debería ser el eje central del barrio, según el proyecto aprobado. La falta de una séptima calle después de la del Sol, hace que el eje quede desplazado hacia el norte, pero aún así, se puede considerar como tal eje, por desembocar sus tres tramos en el centro de las dos plazas.

 

La calle Gravina-Dolores-Galiano, tres partes de un mismo trazado.

 

La calle Gravina desde la calle de San Diego

 

La calle Dolores desde la Plaza de Amboage

 

La calle Galiano desde la Plaza de Armas

 

La siguiente calle, siempre hacia arriba, es la María, en la que se pueden ver interesantes edificios de principios del siglo XIX, con miradores y balcón central en el  primer piso y galerías en las siguientes plantas.

 

La calle María desde la del Arce, hacia el este

 

Y como final de este grupo de calles longitudinales, llegamos a la calle del Sol, de la que sólo se edificó una de las filas del proyecto, que quedó incompleto en esta parte, y en la que se fueron levantando nuevas construcciones, ya fuera del proyecto de La Magdalena. Aún así, existen algunas casas interesantes, con balcones, miradores y galerías, en las que sus constructores, intentaron conservar la tendencia urbanística del barrio.

 

La calle del Sol, desde la del Arce, hacia el este

 

Las calles transversales.- En el proyecto del barrio, las calles transversales quedaban comprendidas entre la calle de la Iglesia y la del Sol. Sin embargo, todas ellas fueron prolongadas en una u otra dirección, excepto la de San Diego.

Debido a la configuración del terreno, todas presentan un desnivel más o menos acusado, quedando la parte más alta al norte, hacia Canido. Esa diferencia de nivel permite entrever la ría y los arsenales desde la parte alta de estas calles.

Partiendo desde el este, que según los historiadores fue por donde se comenzó a construir el barrio, encontramos:

 La calle San Diego, que nace en la Cuesta de Mella (Calle de la Iglesia) y que fue prolongada hasta la calle de Atocha en Canido.

 

La calle de San Diego desde la parte alta

 

La calle del Arce, que va desde la calle de la Iglesia hasta la del Sol, pasando por el lateral oeste de la plaza de Amboage.

 

La calle del Arce, vista desde la del Sol

 

La calle de Méndez Núñez, con edificios importantes en las esquinas, especialmente las de la calle de la Iglesia y la calle Real y que, en su prolongación en forma de “L” enlaza con la de Sánchez Barcáiztegui.

 

La calle de Méndez Núñez, desde la parte alta

 

La calle de Sánchez Barcáiztegui, con edificios importantes en las esquinas, como las de la calle de la Iglesia, las de Real y Dolores, y la de la Calle María.

 

La calle de Sánchez Barcáiztegui, desde la parte alta

 

La calle de A Coruña (antes calle de los Muertos), que enlaza con la calle Irmandiños en la parte baja e que fue prolongada en la parte alta, hasta la calle Alegre en Canido. En esta se encuentra el Palacio de Justicia entre otros edificios importantes que destacan en las esquinas, como los de las calles Iglesia, Magdalena, Dolores, María y Sol.

 

La calle de A Coruña, desde la parte alta

 

La calle de Concepción Arenal (antes del Hospital), que en su prolongación hasta la calle Alegre, pierde el paralelismo característico de las calles de La Magdalena, después de la pequeña Plaza de Sánchez Aguilera. En ella se encontraba el Hospital de Caridad, hoy reconvertido en el Centro Cultural Torrente Ballester. En las esquinas hay interesantes edificios como los de la calle de la Iglesia, de la Magdalena y de la Real.

 

La calle de Concepción Arenal, desde la parte alta

 

La calle de la Tierra, que fue prolongada hasta la Plaza de Canido, pasa por el lateral Oeste de la Plaza de Armas, y cuenta con edificios importantes en sus esquinas, especialmente en las de la calle Real.

 

La calle de la Tierra, desde la parte alta

 

La calle Rubalcava,  también prolongada hasta encontrarse con la antigua calle de la Muralla, hoy Avenida del Rey, nace en la calle de la Iglesia y pasa por el lateral este de la Plaza de Armas. Presenta interesantes edificios en las esquinas, de las que se puede destacar, el que ocupa el espacio entre María y Sol.

La calle Rubalcava, desde la parte alta

 

La calle del Carmen, que fue prolongada por la parte baja hasta los cantones. Cuenta con algunos edificios interesantes, como el de la esquina del Cantón, que queda situado en el espacio añadido que le da forma de “L” al proyecto del barrio.

La calle del Carmen, desde la calle del Sol

 

La calle de Lugo, que era la que cerraba el barrio por la parte este.  También fue prolongada hacia los cantones. Como en todas las demás calles, también existen algunos edificios interesantes, especialmente en las esquinas, como el de la calle María.

La calle de Lugo, desde la calle del Sol

 

Rebasada ya la primera década del siglo XXI, cuando casi todo en la industria se resuelve mediante complicados programas de ordenador, sigue causando sorpresa la contemplación de verdaderas obras de arte realizadas en hierro por el método de la forja tradicional, fruto de la habilidad y la inventiva del artista, sin más ayuda que la de un par de martillos, un yunque y el fuego de una fragua calentando el duro metal. En el ferrolano Barrio de La Magdalena pueden admirarse numerosos ejemplos de trabajos de forja con muchos años de antigüedad.

Algunos ejemplos de rejas de balcones


          


               

 

        


            

         

       

                  

           

               

              


             

                 


        

 
 

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